¿Por qué a mí?

Esto no es una pregunta. Es una trampa.

Te podrías pasar toda tu vida preguntándote ¿Por qué a mi? Para cada cosa que te pasa. Toda la vida. Y ¿sabes qué? Que no vivirías. 

Esto no es una pregunta porque no tiene respuesta. Nunca tiene repuesta. Todo lo que nos pasa es factible. Absolutamente posible. Incluso lo más increíble. Si nos pasa es porque nos puede pasar.

Además es una trampa porque la mente quiere saber algo que no se puede saber. ¿Por qué? Porque la mente quiere control. Así funciona la mente; la tuya, la mía, y la de todos. Cada uno de nosotros vivimos a diario bajo la ilusión de que tenemos control en nuestras vidas. Pero en realidad, en cualquier momento nos puede pasar algo que no nos esperábamos.

Con esto no te quiero criticar por plantearte esa pregunta. Es totalmente normal que surja en nuestra mente. Pero ahora sabes que es una trampa así que, cuando asomen sus orejas de lobo, simplemente obsérvala y déjala marchar sin que te enganche.

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Vamos a desgranar un poco más lo que se esconde detrás de esta pregunta. Porque en realidad el “por qué a mi” a menudo son otras preguntas (y las creencias que se esconden detrás):

 

1. ¿Qué he hecho yo mal?. La culpa. Uf! Es tan común. ¿Quién de nosotros no se ha preguntado si el autismo de nuestros hijos no se debe a que hemos hecho algo mal? ¿Tal vez no jugar lo suficiente con ellos? ¿O darles demasiados juguetes electrónicos? ¿O marcharnos de viaje unos días cuando eran pequeñitos? O cualquier otra cosa que se nos venga en mente y que nos haga sentir culpables. Tu mente racional ya lo sabe, pero te lo voy a repetir por si acaso: tu no has hecho nada mal. Eres un buen padre. Eres una buena madre. Lo que pasa es que la culpa es un sentimiento inevitable cuando nos sentimos responsables de otra persona. Aunque parezca increíble, preferimos echarnos la culpa a nosotros mismos (aún cuando sabemos que no es así) a no poder echársela a nadie, y mucho menos echársela a nuestro hijo con autismo. Nos consuela de alguna manera, aunque nos hunda de otra. Nuestra mente prefiere creer que “sabe lo que ha pasado” a no tener ni pajolera idea del por qué. Pero, repito, no hay un por qué objetivo (por lo menos no hasta que se sepa más del autismo y de sus causas).

Lo que podemos hacer es, desde nuestro centro interior más profundo, cambiar la pregunta “¿Qué he hecho yo mal?” por “¿Qué puedo hacer para ‘mejorar’ esta situación?” -eso si está en tus manos.

 

2. Otra pregunta muy similar es “¿que he hecho yo para merecer esto?” Pues nada, claro. El autismo de tu hijo no tiene nada que ver con tu valía como persona ni como madre o padre. Aquí hay una creencia muy arraigada de que los hijos son extensiones nuestras, que de alguna manera lo que les pasa a nuestros hijos es un reflejo de lo que nosotros somos. Te invito a que examines esta creencia y decidas si te vale o no. Ten en cuenta que no puedes siempre controlar lo que te pasa a ti y mucho menos lo que le pasa a tu hijo, así que cuidado con vincular lo exterior al valor intrínseco que tu y tu hijo tenéis como seres humanos. ¿Realmente quieres vivir para demostrar? ¿A qué precio? 

 

3. A veces el “¿por qué a mí?” equivale a preguntar “¿por qué me toca esto tan difícil cuando yo lo que quería era una vida “normalita?” Aquí se esconde la otra creencia de que una buena vida es una vida fácil. Vale. Todos lo queremos fácil. Es que a una parte de nuestro cerebro lo único que le interesa es sobrevivir… esta parte ve cualquier desafío como una amenaza a nuestro bienestar y a nuestra integridad física. Queremos quedarnos en nuestra zona de confort. Pero, ¿qué pasaría si no saliéramos de nuestra zona de confort? Pues que la humanidad no hubiera avanzado nada desde las cavernas. Es parte de nuestra neurología (a nivel biológico) y de nuestra evolución (a nivel espiritual) afrontar desafíos y superar adversidades. A un nivel más personal, reflexiona: ¿cuántas cosas te hubieras perdido si no hubieses tenido problemas en tu vida? ¿si no hubieses tenido que salir de tu burbuja y explorar nuevos horizontes? Recuerda no es lo que nos pasa, es lo que hacemos con lo que nos pasa.

Te invito a que cambies esta pregunta por “¿qué aprendizajes u oportunidades me trae esta situación?

Aunque te cueste mucho pensar en positivo, recuerda que tú puedes cambiar tu enfoque mental. Aún en las situaciones más difíciles nos es posible ver lo positivo, o por lo menos aceptar que en todas las situaciones la felicidad está en nuestras manos (y sobre todo en nuestra “mirada”).

 

4. La cuarta pregunta que se esconde detrás del “por qué a mí?” es “¿Por qué no a la vecina?” ¡El insidioso agravio comparativo! Igual que no podemos contestar al ¿por qué a mí?, tampoco podemos contestar al ¿por qué no a esta otra persona? Perder tiempo y energía en compararnos con los demás es común, pero totalmente opcional. Es otra trampa de la mente para “lanzar balones fuera” y enfocarse en los demás en vez de en cambiar NUESTRO enfoque. ¿Por qué? Porque mientras estamos rumiando lo perfecta que es la vida familiar de nuestra prima, nos estamos ahorrando tener que hacer nada para cambiar la nuestra. Suena fuerte, pero es así. La comparación es una tendencia humana de la que nadie se salva, pero no nos lleva a ninguna parte - mas bien nos lleva a la amargura, a la victimización, y a la procrastinación. Si no te gusta tu vida, cámbiala. El poder de hacerlo es tuyo. Además no olvides que los demás, por muy espectacular que parezca su vida, también tienen dificultades y desafíos, aunque tú no los veas, o no los aprecies como tales. Las creencias inconscientes que se esconden detrás de la comparación son varias, desde la falta de merecimiento (los demás se merecen ser felices pero yo no), hasta la falta de suerte (a mi la vida no me va bien), o la victimización (a mi todo me va a costar mucho más que a los demás). Te invito a que examines qué creencias tienes con respecto a tu merecimiento y que consideres si te ayudan o no. Muchas de estas creencias ni siquiera son tuyas, las has heredado de tus propios padres o de tu entorno familiar.

Y te sugiero que, cada vez que te surja esta pregunta en tu mente, la cambies por “¿Por qué no a mí?”. ¡Pruébalo! 

 

Para terminar quiero dejarte aquí un pasaje del libro Souls (sólo disponible en inglés) de Sharon Rosenbloom y Thomas Balsamo. Es una colección fotográfica sobre niños con autismo con el precioso e inspirador texto de una madre. (La traducción es mía)

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Experimentar la vida al lado de aquellos que tienen autismo nos da una perspectiva diferente, nos brinda una nueva visión de todo lo que dimos por sentado al recorrer con prisa la senda de lo que pensábamos eran las principales prioridades en la vida. Porque a medida que llevamos a la persona con autismo a cruzar el puente hacia a nuestro mundo una y otra vez, descubrimos que en nuestra empeño en orientarlos, a menudo somos nosotros los que estamos siendo transformados. A medida que nos convertimos en una guía para ellos, vamos descubriendo lo que verdaderamente nutre nuestras almas. El destello de una sonrisa cuando dominan un botón o navegan por las turbias aguas de una multitud, aterrizando de forma segura en nuestros brazos, producen una alegría tan dolorosa, tales momentos de puro placer que experimentamos y entendemos el mundo de una manera profundamente diferente. Y si nos sale marcarnos un baile de alegría porque han conseguido realizar una tarea simple, no es que nos hayamos reducido a celebrar los míseros despojos de sus logros, sino que apreciamos más profundamente el asombroso regalo inherente incluso en la conexión más pequeña que descubren y reconocemos la gran distancia que han recorrido para llegar allí.

 


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